¿De qué podemos darnos cuenta?
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¿De qué podemos darnos cuenta?

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¿De qué podemos darnos cuenta? (1)

Llevo ya más de la mitad de mi vida trabajando con personas, más concretamente a través de la psicoterapia. Como la mayoría estoy viviendo ésta situación con un “cocktail” de preocupación, sentido de responsabilidad, incertidumbre, miedo, cierta paranoia… sentido del humor, esperanza, sorpresa… alegría, tristeza, estupor… y por supuesto extrañeza y perplejidad.

Llevamos ya más de un mes “confinados”. Abrumados por un mono tema que contamina nuestra realidad más allá de lo físico, entrando en nuestro mundo interno más íntimo, en nuestra psique, en nuestras emociones, en nuestras relaciones. Es algo molesto que se ha incrustado en nuestras vidas sin pedir permiso ni avisar. El mundo se ha parado. Nuestra vida cotidiana se ha detenido.

Estamos viviendo una situación sin precedentes en la historia de la humanidad. Y en nuestro país, viviendo uno de los confinamientos más estrictos a nivel mundial. Mi experiencia, a parte de la lista de emociones y otros estados que ya he nombrado, es que me está resultando un gran experimento. Y eso es lo que quiero compartir aquí. Una parte de lo que nos está pasando, se parece mucho a un retiro. Para quienes no estéis familiarizados con la expresión os diré que un retiro es eso que algunas personas hacen cuando se van a un centro en plena naturaleza a meditar, a hacer yoga, a trabajar conflictos emocionales, a hacer constelaciones familiares, a desintoxicarse, a encontrarse con Dios, etc. Hay tantas modalidades de retiros como estilos de música, (con sus sub géneros).

Los retiros permiten aislarse del mundanal ruido y concentrarse en el objetivo principal para el que se hace. Así de simple. Es decir, cortamos nuestra exposición a un montón de estímulos que en nuestra vida cotidiana nos distraen y no nos permiten enfocarnos en la profundidad suficiente como para darnos cuenta de muchas, o por lo menos algunas cosas que un “retiro” sí nos facilita.

Voy a plantear esto, más que soltando mi rollo personal, (en el primer punto contradigo un poco esto pero necesitaba expresarlo y remarcarlo como punto de partida), invitándoós a que os dejéis resonar algunas de las preguntas que lanzo. No las voy a plantear todas de golpe, porque está bien dejarlas reposar. Iré poniendo entradas a diario durante unos días. Quizás algunas no os resuenen. Quizás algunas os resuenen y no podáis responderlas. Quizás algunas no os las queréis ni preguntar… No pasa nada, yo con alguna también me llevo mal. Pero sólo el hecho de planteárnoslas puede que ya nos remueva cosas interesantes…

¿De qué podemos darnos cuenta?

De que todos somos hermanos.

Todo está unido. Todo está en interrelación y nosotros, la especie humana, somos una gran familia. Este virus nos está afectando sin distinción en todo el planeta. Eso sólo es posible porque todos compartimos el mismo genoma. Para lo bueno y para lo malo. En realidad somos un solo organismo vivo.

Lo que hacemos o nos sucede en una parte del planeta nos afecta en los lugares más distantes y remotos. Ello conlleva una gran responsabilidad para cada uno de nosotros como individuo, para cada pequeña comunidad, para cada país y nación, por citar una de nuestras maneras de organizarnos.

La realidad es distinta a nuestros mapas, a nuestras fronteras, a los mercados, a todas las divisiones que nos empeñemos en dibujar. No. Somos UNO. Todas las religiones y tradiciones espirituales, desde las más primitivas hasta las más modernas, hacen referencia a ello de una u otra manera. Pero la cosa va más allá. Somos hermanos de nuestros otros hermanos, todos los animales y los seres que habitan nuestro planeta. Con ellos también estamos interconectados, somos interdependientes. Somos hermanos de las plantas, de los árboles… Somos hermanos de las estrellas. No olvidemos de que toda la materia que existe en éste universo puede reducirse a unos pocos componentes básicos. Básicamente estamos hechos de lo mismo que un árbol, de lo mismo que una estrella. Estamos en un planeta del que formamos parte, pero no nos pertenece, más bien nosotros le pertenecemos. Estamos en un universo, por más grande que sea, del que formamos parte. Es decir, somos individuos y a la vez pertenecemos. Todos y cada uno de nosotros.

Si nos detenemos unos instantes a tomar conciencia de todo esto, ¿qué sucede? ¿a qué nos invita? ¿qué conlleva?. Si pensamos en que los nuestros estén bien, ¿quién son los nuestros? ¿hasta dónde extendemos nuestro sentido de pertenencia?. Si necesitamos ayuda y cooperación de todos, ¿de qué todos? ¿quién somos todos?. Cuando hablamos del bien común ¿a qué comunidad lo circunscribimos?. Puede parecernos difícil, incluso utópico pretender funcionar “globalmente” de verdad. Pero en realidad sería muy fácil. Tenemos todo lo que necesitamos. Podemos comunicarnos al instante con cualquier lugar del planeta por más alejado que esté. Lo hacemos continuamente para otros propósitos. ¿Por qué no podríamos hacerlo para el bien común de toda “la família”, de todo el planeta? En realidad es sólo una cuestión de VOLUNTAD. 

Siguiendo JordiP:

psicólogo y psicoterapeuta Psicoterapia Clínica Integrativa Línea Humanista Altea y Alicante

Un comentario

  1. Joan Abril
    | Responder

    Apoyo totalmente tus palabras, Jordi, amigo mío. Aprovechemos este retiro obligatorio como una oportunidad, no sólo para tomar consciencia de que tod@s somos un@, sino para indagar en lo más profundo de nosotr@s y ver qué podemos mejorar en nuestro interior para que cuando sea el momento, podamos reflejarlo hacia el exterior. Un abrazo grande en la distancia desde tu querido Maresme, que estalla en verde de lluvia y paz en estos dias.

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