En psicoterapia hay tres grandes enfoques. Primero apareció el psicoanálisis, de la mano de Sigmund Freud, a quien debemos formulaciones teóricas tan irrefutables como los mecanismos de defensa, la transferencia del paciente, la contratransferencia del terapeuta, etc.
Luego apareció el conductismo. Marcadamente positivista. Menos “filosófico” y más “cientificista”. Intentando basarse en hechos observables, demostrables y cuantificables. Se basaba en las leyes del entrenamiento y el aprendizaje animal.
En los años 60 irrumpió en este paisaje tan “bipartidista” lo que se denominó como la tercera fuerza. El humanismo, que ya de partida aglomeraba una serie de abordajes terapéuticos distintos y formulados por distintas figuras relevantes del momento, pero que tenían en común una manera de ver al hombre, su naturaleza, la civilización, el conflicto social que acaba haciendo síntoma en el individuo… y también la dirección hacia la que ir, el camino a recorrer para la sanación. Yo, que me he formado lo suficiente en la corriente cognitivo-conductual y que la conozco y la respeto y sé que hay grandes profesionales ejerciéndola, me siento, desde muy joven además, mucho más identificado por la línea humanista:
Algunos de los aspectos de la línea Humanista que a mi más me gustan son:
– Su visión holística y organísmica del ser humano, donde lo psíquico, lo físico y lo emocional forman una unidad indivisible. Desde ahí, la integración del cuerpo en el trabajo psicoterapéutico es una aportación valiosísima según mi propia experiencia.

– El vínculo entre terapeuta y paciente es fundamental. La psicoterapia es un encuentro entre dos personas, donde el protagonismo y la responsabilidad del proceso es enteramente del paciente y el terapeuta es un acompañante que apoya al otro hacia su auto-apoyo y que frustra su juego neurótico.
– La asunción de la vertiente espiritual del ser humano. La espiritualidad no es patrimonio de las religiones, es algo intrínseco a la persona. Todos tenemos un potencial creativo y expresivo, un impulso de vida. Las distintas maneras de enfermar son maneras de boicotearnos y de interrumpir ese flujo. Así, durante el proceso de psicoterapia, intentamos restituir esa relación nutrícia con el otro y con el mundo.
– La riqueza, la flexibilidad y la permeabilidad de sus propuestas. La incorporación del movimiento, la música, la expresión plástica, la meditación, la dramatización, etc., hace que las terapias humanistas esten inspirando y nutriéndose a la vez de nuevos abordajes terapéuticos y de otras disciplinas. A menudo encontramos a profesionales con una doble vertiente, terapéutica y artística por ejemplo.
Hay muchos más aspectos del enfoque humanista, que como los que comento, no son exclusivos en éste, sino que los ha tomado de otras corrientes como el psicoanálisis y de otras disciplinas como la filosofía existencial, pero además ha sido pionero e impulsor de muchos de los abordajes terapéuticos que existen y que siguen apareciendo hoy día.