Todos atravesamos momentos de crisis, pérdidas,  estrés, separaciones. A veces un cambio vital importante abre en nosotros un estado en que nos sentimos muy vulnerables y sentimos que guardamos cosas adentro que necesitamos aclarar y procesar. Otras veces nos percatamos de que estamos sumidos en un conflicto que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo.

Lo que se manifiesta en la superficie,”lo que hace síntoma”, no es el problema en sí. A veces lo que lo genera y lo sustenta es algo más estructural. llamemos a esa estructura ego, carácter o estructura de personalidad, se trata de un conjunto de creencias, valores, prejuicios, mecanismos de defensa y otros automatismos varios, que condiciona y limita enormemente nuestro ser y estar, conmigo, con el otro, y con/en el mundo.

Si nos enfocamos a lo que hace síntoma, la mayoría de las veces perdemos mucho tiempo y energía, porque ahí no está la raíz de lo que sucede. Hay que ir a la parte sumergida del iceberg.

Nadie puede hacer el camino por ti, pero un guía viene bien. El terapeuta te ayuda a parar de dar vueltas a la punta del iceberg y a sumergirte y confiar en el viaje hacia ti.

Agorafobia viene a significar miedo a los espacios abiertos, pero el significado del término no define correctamente a lo que se refiere.  En realidad es una fobia compuesta. A diferencia de fobias simples, como la claustrofobia, o pongamos el caso, la aracnofobia, la agorafobia no es un miedo irracional y desproporcionado a un estímulo concreto, sino que el pánico se ha ido asociando a distintas situaciones reduciendo cada vez más la libertad y la autonomía de la persona que la padece, llegando a quedarse recluida en casa.

La evitación encadenada y creciente de distintas situaciones y escenarios, junto a la focalización de la atención y la hipervigilancia a cualquier síntoma físico susceptible de poder desembocar en un ataque de pánico, son los dos mecanismos básicos que hacen que la agorafobia se instale en la persona.

Es necesario reeducar ese exceso de atención interoceptiva y enfrentar paulatinamente las situaciones evitadas, todo ello de manera programada y pactada con el paciente. Este sería el tratamiento comportamental básico.

Pero a lo largo de mi experiencia con este tipo de problema, he descubierto un patrón psico-emocional más estructural.

La manifestación agorafóbica no es un trastorno, sino que en sí misma es un síntoma de algo más profundo que necesita ser también atendido y tratado. Sólo trabajando ambas cosas se llega a superar definitivamente la agorafobia, evitando las recaídas.

Si es necesario me desplazo al domicilio del paciente en las sesiones de la primera fase del tratamiento, ya que a menudo la incapacidad sentida de acudir a la consulta suele ser el problema inicial.

 

​La adolescencia es una etapa de transición entre nuestra infancia perdida, -es decir, por un lado hay un duelo-, y nuestra edad adulta, -es decir, también hay un reto, una tarea-. Es verdad que en ella buscamos nuestra identidad, pero también lo es que la adolescencia tiene su propia identidad, y muy fuerte además.

Es nuestro primer viaje del héroe, nuestra salida al mundo.

Psicoterapia individual con adolescentes:

A veces ocurre que la brújula u otros instrumentos que nos han dado no nos sirven. En medio de la tormenta, cuando todo está removido, cuesta encontrar el camino. Es bueno parar, escucharse, aprender de uno mismo a través del otro…

La psicoterapia da el espacio y crea las condiciones para que eso ocurra.

Talleres Monográficos con adolescentes:

Imparto talleres vivenciales en institutos u otros centros educativos y formativos en los que trabajo directamente con adolescentes en formato de grupo.

No me gusta  centrarme en una sola cosa, ya sea Buying, Violencia de género, Absentismo, Adicciones, etc. Mi trabajo propone distintas maneras de entrar en contacto, de darse cuenta de los propios miedos, de las propias heridas, de lo que proyectamos a los demás y que en realidad es nuestro. de nuestros mecanismos de defensa, que a veces son ofensivos, pero no por eso dejan de ser eso, mecanismos de defensa. Para mí, que el adolescente vea y tenga esa experiencia, es algo que deja la semilla necesaria para que cambien esos patrones de relación tan nocivos, tanto con sigo mismos como con el otro.

Una pareja es más que la suma de sus partes. Cada componente de la pareja tiene su identidad, un “Yo”.

Además también hay “un otro”, alguien distinto a mi, un “no yo”.

Y por supuesto, en la pareja también hay un  “nosotros”.

Cada uno llevamos nuestra propia mochila de experiencias y de vivencias… y a veces ocurre que colocamos en el otro cosas que en realidad traíamos en nuestro propio equipaje. Y también ocurre lo contrario. a veces acarreamos cosas que no son nuestras, y que en realidad pertenecen al otro.

Es importante dejar un espacio libre de proyecciones del uno y del otro, para que ese “nosotros” pueda desarrollarse y arraigarse.

Para ello es necesario “repartir el bacalao”, como digo yo. Y a eso contribuye especialmente la terapia de pareja, porque hay alguien neutral que va a ayudarnos a poner luz donde a nosotros, debido a nuestros puntos ciegos, nos cuesta mucho hacerlo.

El formato grupal es muy interesante porque el grupo es una galería de espejos y tiene un efecto amplificador y potenciador.

Nos reconocemos en contacto con el otro.

Además nos brinda la posibilidad de trabajar de una manera lúdica, espontánea y creativa.

Grupos de terapia y crecimiento personal

Grupos de Trabajo Psico-Corporal

Talleres monográficos

He trabajado muchos años en equipos de atención directa. He sido educador, coordinador, supervisor… La atención directa absorbe y compromete una enorme cantidad de energía física y psico-emocional, de manera que se corre mucho riesgo de sufrir Burn Out (o el síndrome de quemarse por el trabajo).

He visto y he estado en equipos con y sin supervisión. La diferencia en la higiene y la salud de estos equipos es muy notable.

El supervisor no puede ser alguien de dentro del equipo. Es decir el coordinador o el director, ni el psicólogo, ni el médico, etc.

Para que la supervisión de el espacio y el marco que tiene que dar, es imprescindible que sea una figura externa. “No contaminada” por la “realidad” y “las creencias” del equipo.

La supervisión es especialmente recomendable para equipos de centros de salud, médicos, enfermeras, cuidadores… Para centros educativos, maestros y otros docentes, pero también otras figuras que participan del sistema, como monitores de comedor, conserje, etc.

Equipos de centros de instituciones de menores, de personas con discapacidad, etc. Educadores, monitores, psicólogos, coordinadores, etc.

También es posible ofrecer un espacio de supervisión individual. Esto es muy recomendable hacerlo de manera regular para personas con cargos de coordinación o de dirección, y puede ofrecerse de forma esporádica, a demanda, a otras figuras de atención directa como educadores, enfermeras, etc.